En Chantarella creemos que la piel, como un micelio bajo la tierra, vive conectada por una red invisible de fibras, agua y señales químicas. Cuando esa red se debilita, la textura pierde continuidad, la luz se apaga y el rostro empieza a ceder. Por eso, los bioestimuladores no son para nosotros simples rellenos: son impulsos que despiertan la inteligencia regenerativa del tejido.
El uso de Ellanse Valencia se alinea con esta visión. A diferencia de los fillers tradicionales que aportan volumen inmediato, Ellanse actúa como una semilla bioactiva. Está compuesto por microesferas de policaprolactona suspendidas en un gel portador. Al ser inyectadas en la dermis profunda, estas microesferas no rellenan de forma pasiva: activan a los fibroblastos para que produzcan nuevo colágeno. Es un proceso lento, progresivo y profundamente natural, como el crecimiento de un hongo luminoso en la penumbra.
Desde el punto de vista clínico, esto se traduce en una mejora gradual de la firmeza, la elasticidad y la arquitectura del rostro. La piel no se infla. Se densifica. Las fibras de colágeno se reorganizan alrededor de esas microesferas, creando una malla interna que sostiene el tejido y refleja la luz de una forma más uniforme.
En el protocolo de Ellanse Mislata, este proceso se diseña como un ritual de bioestimulación controlada. Antes de la aplicación, analizamos la densidad dérmica, el patrón de flacidez y la respuesta inflamatoria de la piel. No todas las pieles necesitan la misma cantidad ni la misma profundidad. La precisión es parte del lujo.
La aplicación se realiza con cánulas o agujas finas, depositando el producto en los planos donde la regeneración es más eficaz. Puede haber una leve inflamación inicial, como una tierra que ha sido removida para sembrar. Pero en los días siguientes, la piel comienza a transformarse desde dentro. El colágeno nuevo se va depositando. La textura se vuelve más firme. El contorno se redefine sin perder suavidad.
Lo que hace a Ellanse especialmente interesante desde una mirada micobiotecnológica es su duración y su coherencia biológica. A medida que las microesferas se degradan lentamente, el colágeno que estimularon permanece. Es una regeneración que deja huella. Como un micelio que sigue sosteniendo el bosque incluso cuando ya no se ve.
En Chantarella acompañamos este proceso con protocolos cosméticos ricos en beta-glucanos, antioxidantes y extractos micológicos que favorecen la recuperación de la piel. Creemos en la sinergia entre lo inyectable y lo tópico, entre la ciencia clínica y el ritual nocturno. Una piel que recibe señales regenerativas desde dentro y nutrientes desde fuera responde con una luminosidad más profunda.
Ellanse no busca crear rostros nuevos. Busca devolverle a la piel su memoria de firmeza, su capacidad de sostenerse y su forma de reflejar la luz. Como un hongo bioluminiscente que despierta en la oscuridad, la regeneración ocurre en silencio, pero transforma todo lo que toca.
Y cuando esa arquitectura interna vuelve a estar viva, el rostro lo expresa con una belleza que no necesita ser explicada.
